sábado, 16 de junio de 2018

La noche del Sacrificio, de Haradrim (Cuento)



Una sombra surgió, la sombra comenzó a crecer y a cubrir de oscuridad los restos de la derruida y abandonada plaza, a los árboles esqueléticos y resecos, a los bancos rotos, a la fuente seca y agrietada en cuyo centro la estatua de una hermosa doncella, ajada y mutilada por los años, sostenía una jarra de cuya boca el agua había dejado de brotar  muchísimo  tiempo atrás. La sombra cubrió el arenoso suelo, en lo que antiguamente eran jardines con flores y arbustos, y se detuvo mientras emitía un raro sonido de “chuc-chuc-chuc”

La sombra se materializo en el cielo en forma de un enorme dirigible, como una colosal y  jorobada ballena flotante. Mientras sus hélices dejaban de girar y se mantenía inmóvil en el aire, de su cabina y con un susurro y un silbido de vapor bajó un disco metálico, una plataforma con barandas sostenida por un grueso cable, y en la plataforma dos figuras, una chica joven y un anciano, ella vestida con un mandil de cuero y ropas de fogonero, y el con una elegante tunica escarlata con detalles de oro en sus mangas. La muchacha era pálida, con cortos cabellos castaños y ojos verdes, el anciano tenía una corta barba de filósofo y ojos de sabio rodeados por muchas arrugas. Lo único que tenían en común era una insignia en el pecho, de plata y bronce, con el símbolo imperial de Fédregahl, pero combinada en el martillo y el relámpago de la Casa de los Alquimistas, dedicada a las ciencias del metal y las pociones.

Tras poner pie en la ruinosa plaza, ambos contemplaron la ciudad en silencio: sus columnas caídas, sus muros derruidos, sus edificios con techos desfondados y sus casas invadidas por la arena, con los huecos de las ventanas sin marcos ni postigos, como ojos ciegos que esperaban a unos inexistentes visitantes. A medida que el día daba paso a la noche, las sombras de la ciudad se alargaban, y el atardecer rojizo allá en el horizonte producía extraños juegos de luces, tiñendo con un resplandor inquietante los descascarados muros de sus edificios.

El anciano observó la ciudad con marcado interés, mientras se acariciaba la barba,  mientras que la muchacha simplemente miró hacia adelante, como si no viera la ciudad; como si fuera una roca o un árbol más.

—Interesantes ruinas… y no aparecen en los mapas —dijo el anciano—me pregunto si es por la mediocridad de los mismos o porque esta ciudad ya ha sido olvidada por completo en la memoria de los hombres.

—¿No sabes que ciudad es, padre?

—No, aunque eso no te extrañe, estos son los desiertos de Nosser, cuna de las más antiguas civilizaciones del continente de Quirim.

—Padre, ¿exploramos estas ruinas?

—Si, pero no ahora, no cuando la noche esta tan cerca, no sabemos los peligros que pueden acecharnos, e incluso, si no hay tales peligros, las ruinas, que durante el día son tristes a la vista, de noche se vuelven siniestras y se pueblan de fantasmas… no hablo de fantasmas reales —continuó ante la mirada de su hija— hablo de los fantasmas de la imaginación, que pueden ser peores… Oh, dioses, ¡Qué espanto!

En ese momento, algo surgió de las arenas: era un insecto gigante, un monstruo horrible, con ojos facetados y mandíbulas enormes, un escarabajo de las arenas… pero no era eso. En realidad era un hombre, con una máscara que imitaba a un escarabajo, y detrás de él y a su alrededor, de entre las grietas y los rincones oscuros en las esquinas de los muros surgían otros como él, vestidos de negro y con las mismas espantosas máscaras.

Uno de ellos hizo girar en el aire una bola atada a una fuerte cuerda trenzada, y se la arrojó a la muchacha, enrollándola alrededor de su cuello para que, con un fuerte tirón, jalar y derribarla, mientras su padre gritaba lleno de terror.

—¡Hija!





Khoran los escuchó venir y, a su pesar, sintió que su corazón se encogía de miedo. ¿Ya venían por él? ¿Tan pronto?

Abrieron la puerta de su calabozo y entraron Ellos: los horribles, los malditos… pero no venían solos. Arrojaron bruscamente al suelo a dos prisioneros más, un hombre y una mujer, y se marcharon. Los nuevos cautivos se levantaron lentamente y miraron a Khoran, y él los miró a ellos: una chica joven, pálida y con el rostro lleno de pecas, además de un hombre viejo con una corta barba canosa, que parecía tan azorado como serena estaba la muchacha. Quizás era su hija… o su nieta.

—Bienvenidos —dijo Khoran.

—¿Dónde estamos? —preguntó el viejo, mientras que, a la luz de las escasas antorchas que iluminaban el lugar, paseaba su mirada por la mazmorra, por sus paredes y techo de piedra, y por sus barrotes de hierro carcomido.

—¿Han oído hablar de Immunna?

El viejo se estremeció, mientras que la chica —con una serenidad que rayaba en la indiferencia o en la locura— sólo parecía expresar cierta curiosidad.

—¿Immunna? —preguntó ella.

—La ciudad maldita, la profana, donde se adora a los demonios… o se les adoraba —le explicó el anciano.

—No a los demonios, sino a Zzugla’tiìt, el Dios Insecto, y todavía se le adora —aclaró Khoran— Cada primera luna llena del mes, sacrifican a un humano a su Dios. Lo ofrecen para que él… lo devore.

El anciano no pudo evitar mostrarse asustado, mientras la muchacha, con sus ojos verde pálido casi transparentes, siguió tan calmada como antes. De hecho, más que calma, su rostro mostraba indiferencia.

— Zzugla’tiìt, uno de los Sesenta y Seis dioses, también llamado El Olvidado, dios de la podredumbre, las plagas y los enjambres… No puedo creer que aun tenga seguidores…

—Estamos bajos las ruinas de la ciudad y, esta misma noche, vendrán a buscar a uno de nosotros para sacrificarlo a su Dios… —Khoran sonrió con amargura— Deben haber visto su estatua, ¿no? Una estatua gigantesca, con muchas patas…

—¡Dioses! —El anciano volvió a temblar; sí, la había visto.

Después que los capturaran, los llevaron a través de las ruinas de Immunna, y luego por lóbregos pasillos y cámaras subterráneas, hasta llegar a una enorme caverna iluminada por decenas de antorchas. Su luz era insuficiente para permitir apreciar el tamaño de la misma, cuyo techo se mantenía en la oscuridad, pero eso no era lo importante, sino la gigantesca estatua que se hallaba en su centro: parecía una mezcla de escarabajo, escorpión, tábano y araña. A pesar de que era tan sólo un enorme pedazo de muerta piedra negra, Urus, el anciano, se estremeció de asco y de temor, ya que la estatua parecía exudar malevolencia a través de aquellos ojos que parecían vivos y hambrientos.

—Dicen que esa estatua revive cada luna llena, para tomar su sacrificio… —continuó Khoran— Dicen, porque yo no lo he visto, claro… pero creo que lo veré esta noche.

La cara de espanto de Urus no le causo ningún placer; alguien más ruin o más desesperado se habría alegrado morbosamente de no ser el único que tendría tan macabro destino, incluso abrigando esperanzas de prolongar su vida un poco más a costa de estos dos desdichados. Pero había pasado mucho tiempo desde que Khoran perdiera toda esperanza. Incluso había pensado en suicidarse, para evitar una muerte mil veces peor, y para ser, por un breve instante, nuevamente libre tras estar prisionero durante tanto tiempo. Pero Ellos, los malditos —los adoradores de Zzugla’tiìt— eran muy astutos. Desde que lo castigaran brutalmente, lo mantenían bajo una vigilancia estricta, aunque jamás parecieran estar cerca de su calabozo: disponer de su propia vida era algo que a Khoran le estaba vedado.

—¿No podemos hacer algo? ¿Algún modo de escapar? —preguntó Urus desesperado.

—¿Escapar? —una nueva mueca que trataba de asemejar una sonrisa apareció en el rostro de Khoran— No, no se puede escapar. Lo he intentado muchas veces… Formé parte de un grupo de siete, y en cada luna llena venían en busca de uno de nosotros. Ahora sólo quedo yo —sentenció.

Por primera vez, el anciano y la muchacha parecieron fijarse en su compañero de celda. Lo que vieron entonces fue un hombre barbón y greñudo, con las ropas raídas y sucias, sentado con las piernas cruzadas, o eso parecía, ya que una manta inmunda le cubría las piernas. Era difícil calcular su edad, con las sombras bailándole en el rostro, pero ya tenía canas en la barba y su rostro parecía el de alguien derrotado hace mucho tiempo.

—La última vez que intente escapar fue haciendo un forado en la pared. Me descubrieron… y me castigaron así.

Ya no sonrió al levantar la manta. El viejo lanzó un grito, un verdadero chillido de espanto, al ver los muñones cubiertos por vendajes sanguinolentos; esos muñones en donde terminaban ahora las piernas mutiladas de Khoran.

La muchacha en cambio no se horrorizó sino que, por el contrario, se inclinó hacia él, mirando con curiosidad esa muestra de la crueldad de los adoradores de Zzugla’tiìt. Khoran estaba asombrado —una emoción que ya no creía que volvería a sentir— esa muchacha no parecía entender lo que les pasaría a ellos, ignorando deliberadamente una muerte que era horrible y humillante a la vez. Quizás la muchacha estaba loca… o era idiota.

La chica se retiró y, al hacerlo, sus ojos verde claros, casi traslúcidos, brillaron. Sólo duró el tiempo de un respiro, pero él los vio brillar como los ojos de un gato. No supo qué pensar de aquello, por lo que prefirió ignorarlo.

—Yo seré el sacrificio de esta noche —concluyó—. Luego, les tocara a ustedes… Es mejor resignarse; es lo único que pueden hacer.

Antes que el espantado anciano pudiera responder, se escucharon pasos, y una luminosidad vacilante llegó a ellos a través de los pasillos. Entonces aparecieron Ellos, una decena al menos, vestidos todos con túnicas negras y portando lanzas y antorchas; además, todos escondían sus rostros tras horribles máscaras de escarabajo, de mosca, de tábano, y de cosas con ojos enormes… y trompas y mandíbulas. Uno de ellos saco una enorme llave oxidada y abrió la puerta de la celda con un rechinido

El viejo y su hija se levantaron y se apartaron. El anciano se puso por delante de la muchacha y con un brazo la obligó a mantenerse un paso más atrás: un gesto de protección tan espontáneo como inútil.

—Tú, ven aquí —le ordenó el enmascarado que parecía el jefe a Khoran.

Pero antes de que el prisionero hiciera movimiento alguno, la muchacha pálida de ojos verdes se adelantó y, con un movimiento tan rápido que ni su padre ni Khoran la pudieron ver, golpeó el rostro del que dio las órdenes. Éste fue arrojado hacia atrás, y estrelló su cabeza contra el muro; quedó por un momento apoyado en él, vacilante, y luego se deslizó lentamente hasta quedar desparramado en el suelo en una posición ridícula, quedándose inmóvil.

La máscara se le desprendió entonces y mostró un rostro delgado, de pómulos salientes y nariz aguileña: un rostro perfectamente humano, que ahora chorreaba sangre por sus narices y oídos. Khoran no supo que le asombró más: si el que debajo de esas máscaras horribles los sectarios de Zzugla’tiìt tuvieran un rostro humano, o la enorme fuerza de la muchacha, impensable en un cuerpo tan delgado.





—Muy valiente tu hija —le dijo a Urus—, pero su acto de bravura no servirá de nada; a tu hija la sacrificaran antes que a ti, pero finalmente todos tendremos el mismo destino.

El viejo no contestó. Extrañamente, no parecía preocupado. Por supuesto que estaba asustado, pero no tanto como uno podría pensar en esas circunstancias.

—¿Cómo es que tu hija es tan fuerte? Parece tan delgada, tan frágil…

Urus siguió sin contestar; su ceño era el de un pensador y ahora parecía estar calculando algo. Sombrío y silencioso, por su mente pasaban miles de pensamientos e ideas, atropellándose y confundiéndose en una amalgama en la que, como una estrella en una noche oscura, por un momento brilló una leve esperanza.

—Ismie —murmuró entonces el viejo; tan sólo eso, el nombre de su hija, que a esas horas seguramente ya estaba muerta y digerida por aquel Dios inclemente—Ismie…

Entonces se oyó un rugido.

Ambos se sobresaltaron; era un rugido atroz, lleno de ira y locura. No parecía un sonido capaz de ser producido por una garganta humana… ni por ningún animal tampoco. Era aterrador: la rabia se hacía sólida en aquel espantoso aullido que les llegaba claramente, atravesando corredores y muros de piedra.

Y de golpe todo quedó en silencio.

Ambos esperaron, con miedo en el corazón, hasta que pudieron oler algo: era un olor intenso, punzante y desagradable. Parecía como algo animal, combinado con el hedor de cucarachas reventadas y caparazones de escarabajos resecos bajo un sol eterno; en realidad, olía a algo totalmente corrupto y cubierto de moscas. A Khoran aquello le trajo recuerdos, como si aquel aroma hubiera llegado a sus narices antes, pero de forma más vaga y diluida.  

Finalmente, oyeron pasos —livianos y de una sola persona— acercarse. Fue sólo entonces que la figura se reveló: frente a ellos estaba Ismie.

—Pero, ¿cómo pudiste…? —La pregunta de Khoran quedó sin terminar, porque Ismie estaba destrozada: tenía desgarrada tanto la ropa como la piel de los brazos y de la cara, pero eso no era lo más terrible.

Lo realmente horrible era que debajo de la piel no había carne, sino madera, cuero y metal. De sus heridas manaba un líquido oscuro y aceitoso, y tenía un gran agujero en el vientre donde se veían engranajes y ruedas dentadas. Uno de sus ojos había desaparecido, y sólo quedaba un agujero con una piedra traslúcida de color verde pálido.

Sin embargo, pese a lo espantoso de su aspecto, su rostro seguía siendo sereno y tan indiferente como el de una estatua hermosamente tallada.

Por si fuera poco, estaba cubierta de baba: una baba espesa e iridiscente que brillaba a la luz de las antorchas, y era de allí que provenía ese olor tan espantoso a cosas que se escondían en túneles y cavernas.

—Vino ese Dios —comenzó a explicarles—, y me entregaron a él… Y me mordió. Pero al hacerlo, se dio cuenta de que yo no era de carne, y se enfureció. Fue entonces que, enloquecido de rabia, atacó a sus seguidores.

»Mi idea era que me tragará para así atravesarle el vientre, pateándole el estómago desde dentro y matarle, pero no fue necesario. Ahora estamos solos… y libres.

Ambos hombres la miraban con asombro. Su padre se le acercó y le tocó suavemente su mejilla, donde estaba la poca piel que quedaba en ella.

—¿Te duele?

—No lo sé, padre… no sé realmente como es el dolor. Padre, ¿te duele a ti? ¿Estás lastimado? —preguntó ella, tocándole el rostro, y acariciando las lágrimas que se derramaban por los ojos de Urus.

—No, no, querida… Estas lágrimas son lágrimas de alegría —contestó el viejo con una sonrisa forzada—: Lloro porque eres la mejor hija que pude crear… mi ángel metálico.

Entonces la abrazó, haciendo caso omiso a la baba. Khoran no dejó de notar que, aunque Urus derramaba abundantes lágrimas, el rostro de la muchacha —lo que quedaba de él, al menos— seguía siendo tan indiferente como el de una máscara.

Era un rostro que sólo era humano en su superficie.



FIN

Autor original Haradrim, de Fantasitura.

sábado, 26 de mayo de 2018

Capítulo 3: Sobre cimientos de cristal: El Imperio Humano de Fédregahl

Extracto de "La Magna Diversidad", del historiador e inventor Dagobertus Skallafade

 Desde la observación exterior, el Imperio Humano de Fédregahl (cuyo nombre significa "Fervor de Hierro", en el lenguaje kalevalés, oficial en el imperio), es una gran extensión de tierra rodeada por enormes muros, cuya arquitectura ostentosa y variopinta le hacen justicia a la imagen del dominio humano sobre las regiones ecuatoriales de Måndregul, donde también se encuentran los E'rihad, la Diáspora Tolfek, y sobre unos kilómetros, la mítica Ciudad Flotante. Måndregul ha visto en su historia grandes reinos, protectorados e imperios, pero ninguno tan opulento como Fédregahl, considerado por muchos comerciantes como un paraíso mercante.

Al adentrarse pasados sus gruesos muros, los cuales han aguantado casi dos mil años de asedios e incursiones de Shariitas, Oleadas de Ghàam, ataques de Exiliados, incursiones de Noctilucentes e incluso las Segunda y Tercera Guerra de los Nagashyr, uno puede entender por qué esta ciudad se ve tan poderosa, poblada y activa. En el imperio de Fédregahl se encuentran gran parte de las escuelas de magia de Måndregul, aquí es donde se llevan a cabo la mayor parte de las actividades comerciales, y en sí es una de las grandes potencias militares y económicas en toda Ihbn.
 

Dividido en varios distritos, los tres más grandes e importantes son Ólgevar, la bolsa de oro, distrito comercial; Gurnaam, distrito administrativo, donde se encuentra tanto el monasterio principal y las espiras gubernamentales del Consejo; Soknir, el distrito residencial más grande, donde se encuentra el 2° regimiento de coraceros del imperio, el Muro Cambiante de Ghûznit, el titán del pensamiento lateral, junto con varias academias, y la torre de los cetreros, donde se entrena a los grifos para su uso en logística y también para despliegue aéreo en combate.






Desde sus inicios, fue una ciudad excelentemente ubicada. Abarcando tanto dos monolitos a los Titanes, Dréq-Mir y Ghûznit, el primero representando la fuerza de voluntad y la resiliencia, el segundo, al pensamiento lateral, ha permitido desarrollar a los habitantes kalevalianos (también llamados fedregalianos, aunque este último es poco usado) habilidades de supervivencia y prosperidad en contra de todas las dificultades que han tenido durante sus ya dos mil años de existencia. Aguantaron contra la Plaga de los Desgarradores, una enfermedad proveniente desde la Grieta de Sjurnemar, que se cree es un punto de interconexión entre el mundo natural y el espiritual; también resistieron los Catorce Días Pantanescos, un intento de cierta cábala de Exiliados de irrumpir en el mundo material, e incontables guerras contra varias otras facciones.

Sin embargo, pese a la solidez aparente de sus muros, sus imponentes edificios, y sus disciplinados ejércitos, en el interior se gesta una serie de conflictos internos. La cabeza del mando, el Emperador Fírleth Janus, junto a su Consejo, lentamente parecen perder su poderosa influencia producto de tres eventos actuales:

Asimilación de la población por cultos Shariitas: Alrededor de la zona septentrional de Fédregahl, se ubican cinco puertas Ewliedanas, donde cada cierto tiempo emergen Alastores Shariitas que normalmente saquean las caravanas y, de alguna forma, secuestran o atraen a los ciudadanos periféricos del imperio, para ser "reclutados" en Shariiur. A raíz de esto, la Alta Esfera de Fédregahl ha impuesto políticas restrictivas que han causado paranoia y han cambiado la visión de los ciudadanos a su imperio, desde uno de prosperidad a uno de cadenas e imposición. Han habido grupos entre los habitantes kalevalenses que se han incluso entregado voluntariamente a los Shariitas, producto de las cada vez más severas legislaciones que afectan a los habitantes. Cualquiera que sea sorprendido teniendo contacto con Shariitas o practicando magia Ewliedana es severamente linchado y torturado en la Plaza de los Amaneceres, un lugar de alta concurrencia civil.



Los muros de Fédregahl han soportado toda clase de invasiones, y nunca han caido... aun.


4° Guerra contra los Nagashyr: Los Nagashyr es como se les denomina a las especies anfibias que habitan el mar occidental de Måndregul, quienes recientemente están "evolucionando" para conseguir asentamientos en tierra. Hace unos trescientos años, esta facción comenzó a sufrir cambios fisiológicos que les permitieron sobrevivir fuera del agua, donde ya poseen dos colonias desde las que buscan crear una cabeza de playa para avanzar sobre Måndregul. Ya hay registros de conflictos contra los Tolfek y contra los Shariitas, aunque estos últimos parecen dejar de atacarles para concentrar su esfuerzo de incursión en Fédregahl. A pesar del gran poderío militar de Fédregahl, los Nagashyr tienden a luchar de formas indirectas, especialmente en tácticas de choque y terror, guerras químicas y de atrición*. Son un enemigo que se mimetiza con su ambiente, y ataca en emboscadas o haciendo sabotaje, a diferencia de los Ghàam, por ejemplo, a los cuales se les puede enfrentar a punta de espada. Esta guerra está ocasionando un inmenso esfuerzo económico y humanitario para el imperio: en veinte años se han perdido a casi medio millón de hombres, y casi no se ha conseguido que los Nagashyr retrocedan.




Las valientes legiones de Fédregahl son las que han mantenido al imperio en pie.


Plaga de la Heterodoxia: Poco tiempo antes de la invasión Nagashyr, una cábala de hechiceros, junto a dos eruditos de la Hermandad Psíquica de Lumenac, intentaron realizar un experimento controlado para descubrir el patrón seguido por Nerhkal, apodado el Todo en la Nada, sobre sus daones sigilitas, en un intento de dilucidad su posición, acciones y si es posible contenerlo o revertir su situación. Dicho procedimiento resultó mal, y creó una descarga psíquica en una gran cantidad de ciudadanos kalevalenses. Esta "enfermedad" se caracteriza por otorgarles a los que la sufren una fuerte discordia contra el statu quo, generalmente tomando posiciones radicales y manifestándose en contra de casi cualquier ley o acción llevada a cabo por las altas esferas. Dicha enfermedad también les otorga una inmensa capacidad de convicción, haciendo que puedan volver a otros a sus posturas radicales. Esta llamada "plaga de la Heterodoxia" ha resultado ser un problema difícil de controlar para el Imperio, ya que, indirectamente, está generando problemas de variada índole, como aumento en la tasa de deserción militar, desobediencia civil, aumento de la población penal, la coacción a crear leyes más severas para controlar  la población, la disminución de la productividad, entre otras cosas.

De esta manera, pese a lo fuerte e imponente que pueda vislumbrarse este gran imperio, desde dentro sufre un cáncer que parece no ser erradicado. Solo el tiempo dirá si Fédregahl y sus kalevalenses resistirán bajo la mirada de sus Titanes, o si serán otro capítulo que pronto encontrará un amargo final a raíz de tres puntas de lanza.

*Los Nagashyr empujan a la soldadesca de Fédregahl a hacer cosas que les causen un gran peso moral. Por ejemplo, emboscar desde el centro de una formación, de tal forma que se atraviesen entre los soldados y dando la posibilidad de que, entre el fragor de la batalla, un soldado kalevaliano ataque a otro en el fuego cruzado. Otra manifestación de ello es romper las líneas de suministros del imperio, obligando a los soldados en la lucha decidir quienes sobreviven a las hambrunas y quienes se sacrifican. Los soldados kalevalianos tienen muy en consideración el tema fraternal, y el cuidar de sus compañeros por sobre lo demás, por lo que obligarles a vulnerar ese dogma tiende a desmoralizarlos. Estas tácticas Nagashyr son únicas a la 4° Guerra, pues esta especie ha aprendido bastante de su enemigo para saber dónde golpear.



Comentario del Autor: Fédregahl es lo que denomino un imperio poderoso y resistente, pero que se ha visto afectado por vulnerabilidades muy puntuales. No creo que existan los imperios indemnes, el mundo cambia, el tiempo avanza, y en esos momentos es cuando incluso los reinos más grandes deben ser puestos a prueba. Fédregahl está siendo sometido a esta serie de eventos que decidirán su futuro en la existencia.

Aporte de Heimdal, de Fantasitura.

martes, 8 de mayo de 2018

Sobre el Culto a los Angeles


Culto a los angeles

En el mundo de Ihbn los ángeles han sido olvidados en gran parte, o si son recordados se les considera un mito, o si se les considera reales se piensa que ya no intervienen en los asuntos de las razas mortales, y sin embargo todavía hay quienes les rinden adoracion y respeto.

Es el llamado Culto a los ángeles, donde la mayoría de sus seguidores son humanos, aunque también hay algunos tolfek, y corren rumores de qué hay minotauros adoradores de Abbadón el Destructor. Gracias a Fabius el Profano, erudito de Kapparis, estudioso de sectas y religiones extrañas, conocemos lo suficiente sobre este peculiar culto y sus variaciones. Este culto no es una religión unificada, sino que está dividida en dos facciones, los seguidores de Los Eternos, y los que adoran a Los Caídos, y a la vez cada ángel tiene sus propios sectarios y su propio conjunto de rituales.

Los cultistas de Miguel el Herrero, por ejemplo, fabrican armas y armaduras como forma de agradarlo, su símbolo es el martillo y el yunque y consideran que, así como ellos dan forma al metal en la forja, así los ángeles dieron forma al mundo de Ihbn (para un verdadero seguidor de los Eternos, los titanes son irrelevantes). Sus armas y armaduras están grabadas profusamente con símbolos angélicos, a los que les atribuyen propiedades mágicas, potenciando la dureza del metal o un filo más agudo y eterno, una forma de herrería arcana.

Por su parte los cultistas de Ariel el Devoto practican el don de la profecía, para ello suben a lo alto de las montañas y permanecen allí a la intemperie durante días enteros sin dormir, buscando que se les revele el futuro. Otros observan las estrellas, buscando símbolos ocultos en la estructura de las constelaciones.


Antiguo texto escrito en el alfabeto de los ángeles, la grotesca figura del centro es al parecer Abbadón el Destructor.

Los seguidores de Macabel el Puro predican la no violencia y el amor incondicional a todo ser vivo, no comen carne, no usan productos hechos de animales (su ropa está hecha solo de algodón u otro tejido vegetal) e incluso llegan a filtrar el agua que beben y a llevar un velo sobre la boca para evitar que por accidente lleguen a tragar algún animalito. Los hermanos pacíficos son predicadores errantes que vagan por el mundo con su bastón y su voz por toda posesión, mendigando y predicando la paz y el amor, no importando si son escuchados o no.

Se dice que el fundador de esta secta fue un shariita llamado Bhergumol, quien tras el Cisma de Nankar, horrorizado ante tanta violencia y derramamiento de sangre, renunció a la mezcla de magia y tecnología que conformaba la cultura shariita y se negó a seguir al resto de su raza al exilio, prefiriendo vagar por el mundo para enseñar su mensaje sobre las bondades de la paz y el vegetarianismo.

Tal mensaje no siempre fue bien recibido, en especial en los tiempos del rey Zagandar el Belicoso, aquel cuyo reinado nunca tuvo un momento de paz. Pero la crueldad de este rey y su irónica muerte es tema de otra historia y otro pergamino.


                                              Estatuilla de Joel el Sanguinario. 

Los adoradores de Los Caídos son igualmente interesantes, y los más comunes son los seguidores de Joel el Sanguinario, la antítesis del culto a Macabel. A este ángel  se le considera el creador de la violencia y sus Hijos del tercer Caído rinden culto a la guerra y a las matanzas. No practican ritual alguno, salvo dedicarse a la guerra y tatuarse en la piel el símbolo Ekhuif, que en la escritura de los ángeles representa muchas cosas: sangre, puñal, vigilancia, el acto mismo de agredir, etc.
Suelen emplearse como mercenarios y en batalla son temibles por su fanatismo demostrado en su falta de temor a la muerte y en su decisión de llevar la muerte a otros.

Un camino más agradable es el de los seguidores de Seraquiel el Pecador, ellos se dedican a la prostitución sagrada, hombres, mujeres y diversos estados intermedios, llamados a menudo el tercer o incluso el cuarto sexo. También son famosos por sus ritos que consisten en bulliciosas fiestas donde se cometen toda clase de excesos en el comer y el beber, y que terminan en orgias multitudinarias donde no hay barreras de edad ni de parentesco. Se dice que en ocasiones el propio Seraquiel se aparece en aquellos apareamientos masivos tomando la forma, según la preferencia de los participantes, de un hombre hermoso, de una mujer voluptuosa o de una criatura hermafrodita perturbadoramente atractiva.

Pero los más extraños de todos son los cultistas de Ezequiel el Olvidado. Ellos no tienen ritual alguno, no predican su fe, ellos se visten con túnicas oscuras con capuchas oscuras, y llevan un velo oscuro sobre su rostro que difumina sus rasgos. Y solo caminan, solo vagan por el mundo sin hablar con nadie, ciegos y sordos, sin que nadie los vea comer o beber. Ellos buscan anular su individualidad, desaparecer como personas.



Aporte de Haradrim, de Fantasitura

jueves, 19 de abril de 2018

Descripción de los Angeles



Los ángeles no son puramente provenientes de los elementos típicos, si no que representan sentimientos o emociones más puras y sutiles que se desprenden/destilan de la esencia de los elementos (así de superiores y perfectos son, jajaja). Por ejemplo, Joel viene del fuego, y el fuego causa destrucción y la destrucción lleva a la sangre, por lo que se le llama Joel el Sanguinario. Son un residuo/despojo corpóreo de la magia y se nutren de los restos mágicos que quedan tras los hechizos. Son perfectos e imperfectos al mismo tiempo: extraños y singulares seres llevados al extremo por la caprichosa magia.

Creen ciegamente en el destino y detestan el azar.

Su raza se compone solamente de 11 miembros (por suerte para las demás razas) y uno de ellos está desaparecido. Son seres solitarios que no se dejan ver con facilidad y que habitan en los cielos. No viven cerca de otros seres (incluso les cuesta encontrarse entre ellos, pero su destino hace inevitable cruzarse entre ellos debido a su mismo origen). Pocos humanos han visto alguno (y menos a un grupo junto) y creen que son seres mitológicos. Su manera de ser, de pensar y de actuar es demasiado compleja para el resto de seres mundanos que no son capaces de seguir sus razonamientos y motivaciones. Creen que cada uno de ellos vive por alguna razón, no como el resto de seres cuya existencia es insignificante. No participan en cosas tan banales como guerras territoriales o de poder y no suelen participar en los asuntos de otras razas ni intervenir si no es para beneficio propio, y además no se puede influir sobre ellos/comprar/engañar. Se dice que son inmortales y que solo la magia puede debilitarles, pues su alma imperecedera se reencarnará en un nuevo cuerpo si éste es destruido. Son seres místicos, y por supuesto, todos son bellos y aterradores al mismo tiempo. Los ángeles dominan los cielos, mientras que los titanes las profundidades de la tierra.

¿Cómo pudieron unos seres tan minúsculos acelerar la caída de los titanes? ¿Hasta dónde alcanza su poder? Los ángeles no fueron una creación voluntaria de los Ancianos (no como los Titanes, a los que ellos ven como esclavos de los Ancestros), y escapan a sus designios, simplemente nacieron de la magia que ellos usaban. Algunos de ellos (los caídos) no están de acuerdo con el orden establecido y su último enemigo son los mismísimos Ancestros. Tanto los Ángeles caídos como los eternos coinciden en una cosa, detestan a los Titanes. No tienen sentido de raza, son individualistas y maquinan entre sí pues cada uno tiene sus propios objetivos que pueden entrar en conflicto con los de otros. Son capaces de aparecerse en los sueños de un mago para manipularlo, pero no pueden alterar los sueños de los no magos porque son demasiado insignificantes. Ni tienen sexo ni se reproducen. Obviamente saben usar la magia, pero es una magia distinta de la de los magos, como si fuese innata a ellos mismos y no aprendida. No necesitan alimentarse, no se cansan, no envejecen y no tienen necesidades vitales.



Aporte de Verde, de Fantasitura

martes, 3 de abril de 2018

Sobre los Angeles, parte II







"Título del ensayo: Traducción e interpretación de los manuscritos conocidos popularmente como 'profanos' a la lengua común.

Autor: Jahevé, erudito de la gran biblioteca.


Introducción: Tras años de búsquedas interminables recorriendo el mundo, nuestros aventureros han sido capaces, tras escalar altas montañas, recorrer bastos desiertos y cruzar tortuosos mares; de reunir en la gran biblioteca todos los manuscritos originales de los denominados por la tradición popular como 'manuscritos profanos' pero que en realidad deben su existencia al sabio Yemal quien les dio el título original de 'pergaminos del cielo'. ¿A qué se debió su denominación popular de 'profanos', que nos indica que su función no es la de guiarnos hacia fines sagrados? ¿Por qué los distintos pergaminos que forman la obra magna de Yemal fueron deliberadamente separados y escondidos en distintas ubicaciones del mundo? ¿Por qué Yemal utilizó algo tan valioso como el pergamino mágico para relatar la historia de unos seres que son considerados un mito? La respuesta a todas estas preguntas puede encontrase de forma intrínseca en las mismas palabras que componen la obra. Ahora conocemos la verdad.

Cuerpo: Los ángeles son seres místicos de naturaleza mágica voluble que se caracterizan por ser de una belleza y perfección inusitada para el ojo humano. Aunque poseen una figura antropomórfica destacan en su espalda dos grandes alas que les permiten surcar los cielos a voluntad. Su presencia es más cercana a lo divino que a lo mundano, y es por eso que nos es tan difícil creer en su existencia. Aunque disponen de un cuerpo físico y material que les sirve para recorrer el mundo, su alma fue moldeada a partir de la esencia mágica, y a causa de ello se dice que son inmortales, ya que no pueden morir igual que la magia no puede desaparecer[…]

Se conoce la existencia de 11 Ángeles distribuidos en 3 grupos a los que Yemal nombra:

Los Eternos:
Conocidos de este modo por aceptar el mundo creado por los Ancestros e intentar salvarlo de la destrucción.

- Gabriel el Divino: También denominado el Magnífico. Porta una trompeta que indica su llegada para espantar a la oscuridad. Archienemigo de Abbadón. Su existencia proviene de la luz.

- Macabel el Puro: Aquél que sana. Proviene de la vida y la naturaleza.

- Raguel el Justo: Imparcial y armonioso. Proviene del agua.

- Miguel el Protector: También denominado el Herrero. Se cree que la mayoría de los artefactos mágicos de gran poder fueron creados por él y regalados a sus hermanos para que vencieran en la guerra contra los Titanes. Proviene del metal.

- Ariel el Devoto: También denominado el Santo o el Profético. El vigilante de las estrellas. Proviene del aire.

Los Caídos:
Conocidos de este modo por no aceptar el mundo creado por los Ancestros e intentar cambiarlo o destruirlo.

- Abbadón el destructor: Ángel de Muerte o Perdición. Aquél que trae la plaga y las calamidades. Archienemigo de Gabriel. Se conjetura que Abbadón no es su verdadero nombre ya que no comparte raíz semántica con el resto de nombres de los ángeles, pero que se autodenomina así para infundir terror. Proviene de la oscuridad.

- Joel el Sanguinario: La tradición dice que fue él quien enseñó a los hombres la creación de armas y el arte de la guerra, trayendo un desequilibrio entre los hombres. Proviene del fuego.

- Seraquiel el Pecador: Se une a los hombres como un súcubo, engendrando hijos. Puede adoptar el aspecto de una mujer muy hermosa, a veces alada. Proviene del rayo.

- Azazel el Corruptor: También denominado el Traidor. Proviene del elemento tierra.

- Remiel el Maldito: También conocido como el Oscuro. Aquél que captura almas y que odia la luz. Puede adoptar la apariencia de un monstruo. Proviene de la transformación.

El Desaparecido:
- Ezequiel el Olvidado: Se cree que desapareció de la existencia. Se desconoce de qué elemento proviene.
[…]

Si nos fijamos bien, igual que ocurre con la magia, al parecer existe cierto equilibrio entre las sinergias de estos seres. Las columnas crean una afinidad (Eternos y Caídos), mientras que las filas indican una contraposición:


Santo <----> Pecador
Justo <----> Engaño
Puro <----> Maldito
Magnífico <----> Destructor
Protector <----> Sanguinario
 
 
Aporte de Verde, de Fantasitura                                                                                                               

viernes, 16 de marzo de 2018

Sobre la leyenda de los Ángeles






La Leyenda:

Origen: Es difícil conjeturar cómo y cuando fueron creados exactamente los Ángeles, pero se sabe que al contrario que los Titanes, su creación no fue premeditada por los Ancestrales. Se cree que su creación proviene de la misma magia, pues su relación con la magia, aunque no es directa, sí es primordial. Yemal especula con la hipótesis de que los Ángeles nacieron de forma irremediable al introducir los Ancestros la magia en el mundo, y que se nutren de una reminiscencia que deja la magia en el mundo al ser invocada. Seguramente esta teoría es una desviación de otra teoría que Yemal introduce en la obra (aunque indicando que no es idea suya): la de que el alma de los ángeles es inmortal pues la magia es eterna y que si se destruye sus cuerpos materiales simplemente se reencarnarán en otros cuerpos (que para ellos no son más que carcasas). La idea sería semejante a la correlación que establece un ser humano con su vivienda u hogar creado artificialmente, que siempre podrá ser reconstruido tras un accidente. […]

Guerra contra los titanes:
Los Ángeles ya habitaban el mundo en los tiempos remotos en que los Titanes lo estaban moldeando. Fuentes muy antiguas de la tradición oral aseguran que estas dos razas de semidioses de la creación entraron en conflicto y provocaron una guerra mientras los Ancestros estaban ocupados en otros asuntos. La causa del conflicto pudo ser las diferencias tan marcadas entre dos razas muy distintas, aunque las canciones populares indican en sus letras poéticas que los Ángeles intervinieron para evitar que los Titanes causasen estragos sobre las civilizaciones que empezaban a emerger por el mundo. Lo que sí se sabe es que los Ángeles lucharon unidos como uno solo y así fueron capaces de plantar cara a los Titanes, dando pie a batallas titánicas que devastaron mares y cordilleras y que dejaron huellas palpables en la geografía de nuestro mundo. Cuando los Ancestros se dieron cuenta de que el preciado mundo que habían creado estaba en peligro detuvieron a los Titanes y cesó la guerra. Los Ancestros en persona se reunieron con los Ángeles para firmar un acuerdo de paz milenario. Los Ángeles exigieron la rendición de los Titanes y que éstos fueran enterrados bajo tierra a gran profundidad para que no pudieran volver a intervenir en los asuntos del mundo. Los Ancestrales accedieron a la propuesta, pero pidieron a cambio el siguiente pacto: los Ángeles patrullarían los cielos, y si alguna vez un peligro venido del exterior amenazase el planeta, ellos lo defenderían.

Ezequiel el olvidado:
Hay pocas fuentes que detallen la presunta muerte o encarcelamiento de Ezequiel, pero se cree que los otros diez Ángeles se volvieron contra él. ¿Pudo ser que le atacasen porque Ezequiel rompía el equilibrio mencionado anteriormente? Yemal apunta a que una posible causa pudo ser la envidia, pero carece de una fuente que corrobore sus insinuaciones.

Veneración: Al ocultarse los Titanes y crecer las primeras civilizaciones, aquellos primeros individuos empezaron a venerar a los Ángeles como a Dioses (tal y como más tarde llegaría a hacerse con los Ancestros). Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que los Ángeles no solían contestar a sus rezos y plegarias y que apenas nunca se dejaban ver, por lo que los incrédulos empezaron a dudar de su existencia y los convirtieron en mito. Estoy convencido de que los pergaminos de Yemal fueron escritos en estas época para que las historias de los Ángeles no cayeran en el olvido, y que por tanto los hechos descritos anteriormente son poco fiables y rellenados por enormes cantidades de fantasía.

División:
Al cesar paulatinamente la veneración a los Ángeles, ocurrieron hechos posteriores o simultáneos a los pergaminos de Yemal que no fueron escritos en ningún manuscrito (o quizá sí existen, pero aun no han sido hallados). Es por ello que Yemal nos indica su división dicotómica entre Ángeles caídos y eternos según si están de acuerdo o no con el planeta que crearon los Ancestros, pero no se nos habla de qué creó esta división. […]

Conclusión:
Aunque a día de hoy se les considera una leyenda y ya nadie cree en ellos, y de que se trata de locos o mentirosos a aquellos individuos que dicen haberlos visto sobrevolando los cielos sería una insensatez no tenerlos en cuenta. Me temo que los Ángeles sí han influido en nuestra historia antigua, y puede que incluso están influyendo en el presente desde un segundo plano sin que nos demos cuenta de ello.

Firmado: Jahevé


 Aporte de Verde, de Fantasitura.

Pronto, novedades

Asi es, pronto habran novedades sobre este proyecto...