miércoles, 25 de octubre de 2017

Flora del mundo Ihbn



               


Lagrimas del deliro, también llamada capucha sangrante, entre otros nombres.


Descripción: Hongo que crece hasta una palma de altura, de color blanco pálido y capucha irregular, tanto su tallo como su capucha están cubiertas de pequeñas protuberancias redondas, rojizas y brillantes, de apariencia húmeda –llamadas “lagrimas”- muy similares a gotas de sangre.

Uso: En alquimia tiene múltiples usos, una vez que su esencia ha sido purificada y refinada, pero sus “lagrimas” por si solas son extremadamente toxicas, y suelen ser ingrediente de venenos muy poderosos.



Tarejejedro (Chupa-savia)

Descripción: Planta parasita que crece a la sombra en las uniones entre las ramas y el tronco de grandes árboles, de hojas pequeñas verde pálido y florecillas blancas.

Uso: Es excelente para combatir problemas digestivos, estreñimiento, diarrea, mal aliento y eructos compulsivos.

Un efecto que el Tarejejedro tiene en los arboles que parasita es vuelve su savia diluida y de color rojo, de modo que cuando se hace un corte en el tronco de un árbol infestado, este “sangra” savia roja. Se les llama “arboles sangrantes” y se les considera de mala suerte, existe el rumor de que los sectarios de el Árbol Rojo utilizan este tipo de arboles para sus rituales, en especial para los sacrificios humanos, pero es un rumor sin confirmar.

Semilla de Jhonsuu.

Descripción: Se asemeja mucho  a la planta de la patata, sin embargo cuando se le desentierra vemos que sus raíces forman una protuberancia, un tubérculo carnoso cuya forma general se asemeja superficialmente a la de un escroto, dicho en otros términos sus raíces se parecen a un par de testículos.

Uso: Cada parte de la planta tiene múltiples usos en medicina, y las flores se utilizan para la fabricación de perfumes, pero sus tubérculos suelen ser la parte más deseada, comercializados a lejanos reinos en navíos o caravanas debido a sus muy eficaces propiedades anticonceptivas.



Pulgares de muerto.


Descripción: Hongos del tamaño de un pulgar humano, de tallo blanquecino y capucha redonda y negra. Crece habitualmente donde abunda la materia orgánica descompuesta.

Uso: Tiene propiedades alucinógenas, de modo que chamanes y sacerdotes de diferentes culturas lo utilizan para sus rituales o para contactar con el mundo de los espíritus, la cofradía de Los Soñadores los usan para ingresar al plano de los sueños. Se dice que los hongos más potentes son los que crecen en campos de batalla, alimentándose de la sangre derramada y de los fluidos en descomposición de los guerreros caídos.


(Aporte de Haradrim, de Fantasitura)

jueves, 5 de octubre de 2017

Extracto de “La Magna Diversidad”, Capítulo 6: Diáspora de los Tolfek (continuacion...)

La sociedad Tolfek está estrictamente estamentada, y cada ciudadano Tolfek ocupa un lugar definido en ésta mediante la cantidad de cuernos en su cráneo. Cuando un Tolfek cumple los 14 años, es llevado ante el Chamán de la ciudad, quien reconoce al Tolfek como un verdadero cimiento de la sociedad según los cuernos que le hayan crecido hasta esa edad, pues no emergerán más pasado ese tiempo. Aquellos con dos cuernos son relegados a tareas civiles, mientras que aquellos con cuatro son reclutados en los cuarteles. Aunque casi todo Tolfek posee un número par de cuernos, se han dado casos en su historia donde han nacido con siete cuernos. Cuando esto ocurre, se funda una nueva ciudad en la Diáspora.

Tecnológicamente, podemos afirmar que la Diáspora es bastante primitiva. Desconocen completamente la pólvora, y no parecen emplear arcos, con la excepción de las Magnobalistas, una versión más grande de las clásicas Quirobalistas del Imperio de Fédregahl que lanza troncos de árbol a grandes distancias. En vez de ello, son unos maestros de las hondas. Cada guerrero Tolfek emplea tanto hondas para arrojar guijarros de hasta cuatrocientos Mashes, a la par con grandes Manguales y Hachas de combate, para derribar caballería y grupos de atacantes. A pesar de su tamaño y peso, son extremadamente rápidos, y pueden incluso emplear sus propios cuernos a la hora de romper formaciones. De estos, los más dotados son los llamados Estragadores, escogidos de entre los Tolfen con más cuernos, los cuales refuerzan con acero templado y pueden derribar puertas, muros y escuadrones enteros por igual.

La Diáspora no suele desplegar magos, pero lo cierto es que en la Ciudadela Mkarban se encuentra, en las cercanías del Faro de Wensdal, un gremio de geomantes conocido como los Hdulaim, versados en la manipulación de la tierra y los minerales. De aquí es donde se perfeccionan los herreros Tolfek, ya que el control mineral les permite realizar aleaciones únicas y resistentes, para crear las pesadas armas y armaduras que portan en las batallas. Un hacha elaborada a partir de Mendranita es hasta ocho veces más pesada que una de acero convencional, haciendo que solo los guerreros Tolfek puedan manejar este equipo, pues su peso las hace imposibles de maniobrar por incluso los más fuertes entre los humanos, quizá con la excepción de Malger Séfarum, héroe del Quirim. Lo curioso es que esta manipulación no parece emplear magia daónica, sino otra forma de hechicería, empoderada por Wensdal y que es sujeto de mucha investigación.

Aunque la Diáspora Tolfek parece ser una raza bárbara y beligerante, lo cierto es que tienen excelentes relaciones con otras facciones. Muchas veces han luchado al lado del Imperio de Fédregahl contra las Grandes Oleadas de Ghàam que a menudo atacan desde el noreste, o ayudando a defender la Ciudad Flotante de los avances de Ethmaror y sus Shariitas (las que se documentarán posteriormente). También tienen intercambios comerciales con las naciones del otro lado del mar, y la misma Ciudadela es un lugar afluente para el intercambio y las relaciones exteriores.



 (Aporte de Heimdall)

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Extracto de “La Magna Diversidad”, Capítulo 6: Diáspora de los Tolfek

Del historiador e inventor Dagobertus Skallafade


Como se ha vislumbrado anteriormente, Ihbn está repleta tanto de seres nómadas y migratorios (Como la Hermandad Psíquica de Lumenac) así como de grandes asentamientos e imperios (Como el Reino Humano de Fédregahl y su contraparte antagónica, la fría y lóbrega región habitada por los enigmáticos E’rihan). Sin embargo, a menudo dos conceptos diametralmente opuestos en los asentamientos se solapan y entremezclan, creando así divisiones únicas y dándonos a conocer formas muy variopintas de vida.

La esplendida tundra de Nirr


Los Tolfek (o conocidos mayormente como la Diáspora Tolfek) es una raza que, de buenas a primeras se asemejan a criaturas que comparten tanto rasgos humanos como aspectos más fornidos, donde destacan fuertes pies con un recubrimiento óseo, fauces prominentes, y por lo general, una cantidad par de cuernos que emergen desde sus cráneos. Están asentados en las áridas regiones de la Tundra de Nirr, pero curiosamente, cada aproximadamente diez años, las ubicaciones de sus ciudades cambian completamente. A pesar que son una comunidad unificada, cada Clan Tolfek vive en una suerte de ciudades-estado independientes una de la otra.

Quizá la única ciudad que siempre ha estado en el mismo lugar, es la Ciudadela Mkarban, ubicada alrededor de un gran Monolito conocido como ‘el Faro de Wensdal’, el Titán Vidente. Es una gran ciudad, de arquitectura compleja y exquisita, donde se llevan a cabo tanto las operaciones administrativas como las comerciales con otros imperios y conglomerados. Allí es donde se encuentra la Corte de los Directores, los gobernadores que mantienen el orden y la cohesión entre los dispares Clanes. Aquí es donde se planifican las nuevas ubicaciones de las ciudades, se aprueban proyectos y se declaran las guerras, siendo las decisiones siempre de carácter democrático. La componen 23 de los más grandes colaboradores de la Diáspora. Se cree que los Tolfek son muy reacios a “no estar de acuerdo”, ante cualquier número de opciones, la razón de por qué son 23 y no más o menos: de esa manera es imposible conseguir empates durante las votaciones.

Una de las abandonadas ciudades de los Tolfek


La razón por la cual sus ciudades parecen reubicarse regularmente puede tener relación directa con su historia. Se cuenta que cuando los Tolfek apenas habían comenzado a establecerse en la región, un poderoso Exiliado llamado Vreliadek y su Aquelarre deseaban emplear la Tundra para llevar a cabo sus experimentos biológicos, buscando usar a los jóvenes Tolfek como sus primeros especímenes.

Ellos lucharon fervientemente contra este enemigo, pero resultó ser demasiado poderoso para ellos. Vreliadek dijo que les permitiría vivir, solo si cada diez años, permitía a su Aquelarre ir a sus ciudades y reunir a tantos Tolfek como quisieran para ser sometidos a sus viles experimentos. No arriesgándose a luchar ni a tener que abandonar esta tierra tan próspera para ellos, decidieron llevar a cabo un plan muy inteligente: antes del término de los diez años, ellos desmantelarían sus ciudades y las cambiarían de ubicación a un lugar lejano de su lugar original. De esta manera, cuando Vreliadek llegaba a reclamar sus tributos, se encontraba con que los Tolfek ya no estaban. Luego de más de cien años sin poder encontrarlos, Vreliadek decidió abandonar la región y se dirigió al norte, al reino humano de Fédregahl. Posterior al Destierro de Vreliadek durante la Batalla de las Hespérides hace ya más de cuatro siglos, los Tolfek aún siguen reubicando sus asentamientos, pero esta vez para permitir a la tierra recuperar sus energías y así ésta pueda brindarle sus frutos, de una forma similar a la rotación de tierras empleada en la agricultura.


(Aporte de Heimdall)

martes, 29 de agosto de 2017

Los jinetes de la serpiente

Antes que nada pueden echarle una mirada a este subforo de donde surgio toda la idea del Universo Compartido Ihbn.

Ahora una nueva raza:

Los Dioses son generosos con nosotros, porque nos permiten vivir.
El Dios de la guerra nos ama.

 
En las tierras que rodean el Quirim, la nación de los hombres negros, existe una franja de terreno arida, dura y pedregosa, donde los arboles son escasos y las plantas se limitan a duros pastos y arbustos espinosos de hojas pequeñas. Allí casi nunca llueve y el agua solo se presenta en pequeños oasis, exiguos riachuelos que corren por estrechos valles en el fondo de gargantas o bien esta escondida en pozos cuya abertura  es tapada con madera o pieles y ocultada bajo piedras.

En una tierra tan hostil es fácil pensar que nadie viviría en ella, pero hay quien lo hace, un pueblo duro, moreno y que ha hecho de la guerra su modo de vida, no por placer sino que por necesidad: Los jinetes de la serpiente.




Se dice que viven en cuevas, comen lagartos crudos y enteros y que beben piedras, y que el sol no los quema, mitos que ellos detestan (cuando no se divierten al escucharlos), los jinetes de la serpiente son hombres como todos, solo que acostumbrados a una vida dura. Son agricultores, aprovechando al máximo las posibilidades de una tierra agotada y donde cada gota de agua es valiosa. Son también criadores de animales, cabras de carne magra capaces de comer cualquier cosa, armadillos cavadores de agujeros y caballos tan duros como esa tierra.



Los caballos de los jinetes son de talla pequeña y esbelta, actitud nerviosa y capaces sustentarse con poco agua, comer duros pastos, arrancar hojas de los arbustos sin molestarse por las espinas y en general de alimentarse de cosas que caballos de tierras más generosas considerarían como inmundicias. Una raza dura a quienes los jinetes deben mucho, pues gracias a ellos son considerados los mejores arqueros montados del mundo.

Pese a vivir en una tierra poco codiciada ellos han tenido que hacer frente, desde tiempos inmemoriales, a incursiones de esclavistas, ataques de nómades y también a sus propias guerras, donde las distintas tribus se disputaban la posesión de un pozo de agua. De allí que se volvieran necesariamente guerreros a caballo, siendo el arco y la flecha sus armas predilectas. Pero ellos no tienen el orgullo guerrero de otras razas, sino que un profundo pragmatismo, cada familia destina un miembro varón para que aprenda a cabalgar, a disparar flechas y jabalinas y a usar la lanza y la maza de guerra bajo la tutela de un guerrero veterano y generalmente ya retirado, lleno de cicatrices y también falto de algún miembro, mientras el resto de su familia se dedica a las labores de campesinos. Y una vez que esta listo, su destino es viajar al norte –o menos frecuentemente, al sur- para ofrecer sus servicios como mercenario.

Las guerras entre los reinos más civilizados y ricos nunca escasean, y los jinetes de la serpiente se benefician de ello. Son profesionales y fieles a sus compradores mientras el oro no falte, aunque a menudo ellos no prefieren el oro, que en su tierra natal tiene poco valor, sino cosas más necesarias, de allí que prefieren que se les pague con ganado, caballos o grano, puesto que cada flecha en el ojo de un enemigo es para ayudar a sus familias que han quedado atrás, en una tierra dura y amarga.




Los Jinetes de la serpiente a menudo deben hacer frente a los ataques de otras tribus nómades.



Como arqueros son precisos y mortales, aun a pleno galope, y envenenan sus flechas con la ponzoña de los pequeños alacranes negros de su tierra, que llevan consigo en cestos. Pero cuerpo a cuerpo también son guerreros formidables con la maza, el hacha, la espada y la jabalina, fieles y disciplinados mientras haya oro, de allí que para un rey en guerra siempre es una buena opción contratarlos, eso mientras ese rey no contrate también a los alabarderos de Keyssarann.

La rivalidad entre ambos tipos de guerreros es legendaria, y ha durado generaciones, a pesar de que sus orígenes no son claros para nadie, los alabarderos nunca hablan de eso, y los jinetes de la serpiente dicen haberlo olvidado. Sea cual sea la razón de tal odio, ambos son considerados de lo mejor en materia de mercenarios, a pesar de sus diferencias (arqueros a caballo unos, soldados de a pie otros, morenos y a menudo muy oscuros los jinetes, blancos, barbudos, casi siempre pelirrojos y vestidos con excéntrica ropa multicolor los alabarderos), pero no pueden convivir juntos, si alguien contrata a los jinetes su rival contratará a los alabarderos sin duda alguna, porque si alguien comete la torpeza de ponerlos bajo un mismo estandarte pronto pequeños escorpiones negros invadirán las tiendas de los soldados de Keyssarann, y ellos responderán envenenado el agua de los caballos de los jinetes. Incluso si no hay oro ni una guerra de por medio no pueden verse sin que el odio y la violencia estallen.




Incluso desmontados los jinetes de la serpiente son temibles, aquí vemos a uno resolviendo civilizadamente sus diferencias con un enemigo.


Autor original Haradrim

sábado, 12 de agosto de 2017

Medidas en el mundo Ihbn



Nota: Aunque estas son las de uso más común, diferentes culturas pueden tener diferentes formas de medir distancias.

Nihu: Medida básica de distancia, equivalente al ancho de un dedo meñique.

1 Palma: 4 nihus.

1 Codo: 6 palmas.

1 Vara: 5 codos, se utiliza tanto como medida de distancia como de altura.*

1 Janzha: 500 varas.

1 Mashe: Medida de peso, equivalente a lo que pesa una esfera de hierro negro perfectamente esférica de 5 nihus de diámetro. Su falsificación en el comercio (para hacer parecer que las mercancías pesan más o pesan menos) es castigada en muchos reinos con penas de cárcel o azotes.




.* (Equivalente a 2 metros)

domingo, 30 de julio de 2017

Los Minotauros



Los minotauros son lo que algunos llaman también "los hombres bestia", una raza de seres que jamas formaron parte de las razas civilizadas. Aunque poseen una inteligencia similar a esa de los humanos, ellos la emplean en forma de la salvaje astucia de los animales.

Estos minotauros proliferan en los bordes de las tierras civilizadas, viviendo del pillaje a villas pequeñas y granjas desoladas, y se cree que tales criaturas desdeñan a los titanes dedicándose más bien a la adoración de dioses blasfemos y demoníacos de los que los humanos poco conocemos.

Los minotauros se pueden encontrar en casi todos lados, aunque son mayores en números en las tierras desoladas de las regiones más al norte y más al sur del mundo. Algunos de estos minotauros hacen parte de tribus aliadas por débiles pactos y tratados comerciales y gobernadas por despóticos caciques o chamanes. No es común ver a bandas de estas tribus vagar más allá de sus tierras desoladas, y aquellos que se van por mucho tiempo son exiliados de sus tribus y de sus familias, un miedo que corroe hasta al más valiente de tales criaturas. La mayoría de los minotauros no construyen ciudades por si mismos, sino que se conforman con usar aquellas que han sido abandonadas por otros y mejorando sus fortificaciones o operando en pequeños campamentos y escondrijos, normalmente en cavernas de origen natural. Los minotauros saben usar el hierro y los utensilios de piedra y hueso, aunque sus herramientas son de calidad bastante pobre comparada con esas de los humanos.



Antiguo mosaico mostrando al legendario héroe Salos de Jokk, sometiendo a un minotauro



La cultura tradicional de los minotauros es extremadamente guerrera, sea contra tribus de otros minotauros o contra ciudades de otras razas, y cuando no están en guerra usualmente están planeando una. Muchos minotauros tienen la creencia que para vivir es mejor derrotar y subyugar hasta cuanto enemigo se atraviese en su camino, y controlar entre más recursos mejor, lo que los hace inmediatamente enemigos de otras razas y entre los suyos. Para un minotauro morir por vejez es un deshonor, y es bastante común que mueran jovenes en alguna escaramuza. Aquellos que han sobrevivido para ver sus primeras canas normalmente viajan en busca de un oponente que les quite la vida en combate singular en los caminos sino no lo han encontrado en el campo de batalla.

Los machos dominan la sociedad minotaura y las hembras son usualmente posesiones valiosas en el mejor de los casos, o poco más que animales domésticos en el peor. Los minotauros machos se enorgullecen de tener muchas esposas y muchos hijos, como también lo hacen de las cicatrices ganadas en combate o en sus paganos rituales religiosos. También suelen alardear de la posesión de esclavos, aunque nunca lo hacen con los de su propia raza, por lo que suelen tener muy pocos.

Los minotauros se reproducen de la misma forma y cantidad que otros mortales; sus crías son llamadas cachorros. Es posible el cruce de minotauros y otras razas (como los humanos), aunque los hijos de tales interacciones (normalmente violaciones) suelen heredar solo las características del padre. La extraña capacidad reproductiva de los minotauros es un misterior incluso hasta para los eruditos más sabios.

Las vidas de los minotauros son cortas comparadas con los humanos. Se consideran adultos a la tierna edad de los 11 años y el minotauro común vive poco más de 50 años, aún si logran evitar una muerte violenta. Un minotauro que tenga más de 50 años solo existe en los mitos más raros de esta extraña civilización.

De una conversación con Jostar, un bardo



(Aporte de Anzu, de Fantasitura)

miércoles, 19 de julio de 2017

Jing-kok (también llamado Destrozahuesos, Corredor feroz, Caballo-Cernicalo)

“Patas fuertes, pico hiriente, alas pequeñas, corre, corre que hay uno cerca”

Esa es la mejor manera de describir a un Jing-kok, la otra, es describir como queda una de sus presas luego de ocupar su afilado pico en ella, sin contar sus mortales patadas. Vive en las grandes llanuras, las praderas, los pastizales abiertos, en todo lugar donde pueda dar libre curso a su increíble velocidad, que según algunos puede superar a la de un caballo en pleno galope. Por su ferocidad muchos han intentado usarlo para la guerra pero son imposibles de domar, como mucho algunos reyes bárbaros lo han utilizado como mascota, y más de alguno se deshizo de algún enemigo dándole la oportunidad de salvarse corriendo a todo lo que dieran sus piernas: si lograba llegar a cierto árbol en la distancia, se le perdonaba la vida, claro que para darle más interés al asunto, y además para poder apostar si lo lograba o no, soltaban unos momentos después a un Jing-kok, animal con una notoria tendencia a perseguir lo que sea que este corriendo, menos al viento. Dos o tres cabezas más alto que un hombre promedio y con el pico enorme, afilado y ganchudo, no son un peligro... mientras no llames su atención.

[Imagen: diatrima.jpg]

Aunque presentes en todos los continentes son más comunes en el Quirim, donde también se encuentran los ejemplares más grandes. En Måndregul solían existir en gran numero pero han sido llevados casi a la extinción, solo en las tundras de Nirr pueden encontrarse ejemplares libres. No solo fueron cazados por el daño al ganado o por la propia gente a la que devoraban, sino por el capricho de muchos emperadores de Fédregahl que los hacían capturar vivos para llevarlos a los anfiteatros, donde los hacían pelear con otros animales salvajes, como Ghaams, lobos, cerdoespines, elefantes o minotauros, o los usaban para pelear con hombres armados, generalmente condenados a muerte que tenían la oportunidad de quedar libres, eso si conseguían vencer a criaturas capaces de arrancarte la mano de un picotazo.


Autor original Haradrim (o sea yo)

Novedades: ¡Hurra! ¡Tenemos nuestra propia Wiki! (o algo así por el estilo)

Pues eso, cree una wiki para este proyecto para subir los trabajos ya creados y dar mas facilidades a los posibles interesados en part...